lunes, 6 de abril de 2015

Cualquier tiempo pasado fue mejor


Un fantasma recorre Europa, y en general el mundo desarrollado: el resentimiento generacional. Por primera vez en mucho, mucho tiempo, las generaciones que vienen afrontan que van a vivir peor que sus predecesoras. Que ya están viviendo. Y en muchos casos reaccionan con una rebeldía que es un mal disfraz para el conformismo: en un mundo que ha cambiado, los rebeldes no quieren cambiar el mundo. Quieren embalsamarlo. Quieren vivir exactamente igual que sus mayores, de acuerdo a sus mismos valores, con sus mismas ambiciones y sus mismos objetivos. Quieren que el futuro sea como el pasado, pero con smartphones.



Nunca he entendido a la gente que quiere escapar del rebaño haciendo exactamente lo mismo que hace todo el mundo. Mucha "generación perdida" y mucho "somos víctimas", pero más allá de cierto punto, si te tragas todas las mentiras que te ofrecen, la culpa es tuya. Y los que se rebelan contra esas mentiras por las razones equivocadas, no porque sean mentiras, sino porque son incómodas, por lo general acabarán adoptando otras mentiras, más cómodas, que acabarán también resultando incómodas cuando se estrellen contra el muro de la realidad. Momento en que habrá que cambiarlas por las nuevas mentiras que se lleven en esa temporada otoño-invierno.


Ay, el otoño. Ay, el invierno. Las generaciones anteriores tampoco lo hemos tenido tan fácil. Cuando yo era niño tenía que andar descalzo todos los días cuarenta kilómetros por la nieve para ir al colegio. Esto, en verano; en invierno era peor. Puto cambio climático. Los jóvenes de hoy lo tienen todo hecho.

Arte: Eliza y su pequeño Harry escapando de los tratantes de esclavos por entre los témpanos del río Ohio. Ilustración de "La cabaña del Tío Tom".

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