martes, 2 de junio de 2015

La soledad del corredor de fondo

Decía el inmortal Pablo Neruda que "Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos"; y si, este país ya no es el mismo, no ya hace cuarenta, treinta o veinte años, ni siquiera diez, ni al menos cinco o uno. No es el mismo que hace apenas unos meses.

Desfilan tiempos de cambios, no se si cosméticos o mas profundos, creo que lo segundo; y ello sin haber llegado al final de la caida en la que llevamos ya unos cuantos años, y lo que nos queda. Empiezo a atisbar que la gente, el otrora populacho se ha cansado, los monigotes que le han entretenido durante muchos años, esos que veia en el teatrillo de guiñoles, la bruja, el tio de la cachiporra, crispin, y todos sus comparsas, mientras en el clamor de la multitud los cómplices les sisaban tranquilamente sus monises, ya no lo consiguen, es mas, ni siquiera les abuchean, simplemente pasan de ellos, ni les miran, ya saben que es todo puro teatro, y que en acabando la función, todos se reunen en el mismo restaurante para ponerse como el quico a costa del contribuyente, (en eso han estado siempre de acuerdo).
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Ahora parece que soplan vientos nuevos, y en algún caso puede ser asi, en esas candidaturas municipales que se hana construido desde abajo, y que a pesar de todo el viento mediático que tienen en contra (y no, no hablamos de Manuela Carmena, ni de la Colau -aun les doy el beneficio de las mayúsculas-), han conseguido en muchos lugares de este bendito país (otrora España), llegar al primer escalon del poder: los municipios.

Y van a tener la soledad del corredor de fondo, ese que sabe que la meta está lejos, que no tiene a nadie con él, salvo ese puñado o puñados de convecinos que han confiado en ellos, algún funcionario que todavía crea en aquello del imperio de la Ley (que lejos suena, Dios mio, en este patio del moniponio) y en la independencia, y en aquellas escasas asociaciones que no han sido compradas como todo lo que se ha comprado aquí, con nuestro dinero que al parecer no es de nadie.

Esperemos que esas semillas que han prendido en algunos, muchos lugares, fructifiquen, que gestionar un ayuntamiento es simplemente aplicar el sentido común y educar a los ciudadanos, que no son ni súbditos ni clientes, que solo son eso, ciudadanos, sujetos de derechos y de obligaciones, acreedores de los primeros y deudores de los segundos, y que se puede hacer política desde abajo, solo con algo muy sencillo: hacer bien las cosas que se tienen que hacer, gastar en lo necesario, ni un duro para lo superfluo, y conseguir que cuando los políticos se vayan, lo hagan como decía el poeta: ligeros de equipaje, como los hijos de la mar.

Un saludo

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